viernes, 7 de enero de 2011

El Hechizo de la Velada y Fiestas de La Línea

Artículo publicado en el periodico AREA del sábado 13 de julio de 1996 en sus página 8 y 9

Por Francisco Tornay de Cozar

En los cientodiecisiete años que se viene celebrando la Velada y Festejos linenses, no cabe duda de que se han escrito cientos de miles de palabras y han corrido ríos de tinta para imprimirlas, realzando sus peculiares características, sus bellezas, múltiples diversiones y sobre todo, el talante solidario y generoso de los linenses, que siendo innato en la vida cotidiana, se desborda como un torrente en la semana de Feria cuerpo y alma del noble sentimiento festivo y artístico de esta ciudad.

Es muy posible, que me tilden fuera de nuestras fronteras, de ser excesivamente localista o como se suele decir «aldeano» por mi desemesurado y efusivo elogio de las virtudes, no de los defectos del pueblo linense, porque de ello ya se encargan los que no nos conocen bien. Por lo tanto, en ese sentido no me importa que digan lo que quieran de mi persona, pues digo lo que cualquier madre por sus hijos, que el amor es ciego.

En la Velada y Fiestas de La Línea de la Concepción, como un maravilloso mundo de fantasmagóricas imágenes de luz y belleza, inmerso en una auténtica máquina de movimiento continuo de diversiones de todas clases y manifestaciones artísticas, deportivas, culturales, sin olvidar por supuesto las taurinas. Y es que La Línea, ciudad joven, alegre, laboriosa y profundamente española, como andaluza y gaditarra hasta la médula. Es así por naturaleza, con sus casas blancas de cal y sol y calles anchurozas, que goza de clima suave, con playas de fina arena, bañadas por las azuladas aguas del Mediterráneo el mar de la cultura o el mar latino, y de la incomparable Bahía del Sol o de Poniente, bajo la pétrea esfinge del Monte Calpe, mitológico pilar o columna de Hércules, en la entrada del Estrecho de Gibraltar, la gran avenida marítima del mundo. La Línea se asoma con traje de gala, por su balcón de poniente, esa maravillosa Bahía de Algeciras, escensario de las más bellas puestas de sol de todo el Universo.
 
Es privilegiada la Velada y Fiestas de La Línea porque ella tiene lugar en las noches estrelladas y diáfanas del mes de julio, florido y fragante de «damas de noche» y jazmines que nos inspira un aire de sinfonía mendelsoniana como «El Sueño de una Noche de Verano».

También es privilegiada porque su categoría y fama invita a que de todas partes de España como fuera de sus fronteras, todos los años acuden miles de visitantes para disfrutar de sus virtudes y diversiones de todas clases y sabores de alegrías con su típica fiesta rociera.

Para los linenses y sus amigos, la Velada, que no es Feria en el exacto sentido etimológico de su palabra, sino fiesta nocturna, es como una gigantesca rueda de la fortuna cuyo espectacular acontecimiento cautiva tanto a los niños, jóvenes y mayores.

La Veladas y Fiestas enraiza en el mismo corazón fundacional de la ciudad, es como el despertar de un pueblo, que para olvidarse de los sinsabores de su vida diaria se entrega de lleno en cuerpo y alma, hasta el agotamiento de sus fuerzas, para disfrutar de unos días de felicidad y regocijo, sin escatimar una sola peseta, en el tiempo dilatado de toda una intensa semana festiva.

Y tal vez por esas características especiales, la Velada de La Línea, sea tan famosa en el mundo entero. En la senda de los festejos linenses a partir de 1879 en que se celebró por primera vez en la antigua Plaza de Prim (hoy de la Constitución) y sus calles vecinas de «Barceló», «Del Cuartel», «Banqueta de San Felipe» hasta el «Huerto dePedro Vejer», como se suele decir, ha llovido mucho. Con ornamentos y arcos de triunfos dieciochescos, farolillos a la veneciana, iluminaciones con farolas de petróleo y carburo, artísticos fuegos de artificio, concursos de cucañas y música de bandas militares a cargo de los regimientos de guarnición en nuestra comarca.

Monumental arco de entrada del recinto ferial de la velada linense  (Foto : M. Pérez)

La Velada alcanzó la inolvidable e histórica fecha de 1896, cuando ésta estrenó por primera vez la iluminación por electricidad y los fuegos artificiales los instalaban la empresa de Sevilla de la Viuda de Pinillas. Como la otra notable efemérides, cuando la Velada, después de muchos años de cambio de lugar, inauguró en 1905 su propio recinto o paseo del «Huerto de Pedro Vejer», junto al coso taurino, igualmente, inaugurado un 20 de mayo de 1883, con una monumental corrida de bravos novillos en un mano a mano de los diestros: «El Gordito», «Frascuelo» y «El Marinero», que tenía lugar en la festividad del Corpus Christi

Hasta aquí no habíamos dicho que el  origen de nuestra Velada radica precisamente en esa festividad del Corpus, como podemos apreciar:
Siendo alcalde de esta Villa Don Enrique Rovira Ortiz en sesión municipal celebrada el 26 de febrero de 1879 acordaba estudiar la celebración de una Velada en la víspera del Corpus, este día y el siguiente. Sin embargo, hasta el día 4 de junio del citado año no se volvería a hablar de dicha Velada en que el alcalde exponía lo siguiente:
«Que a fin de proporcionar alguna expansión tanto a los habitantes de este pueblo como a los de la vecina plaza de Gibraltar, se ejecuten algunos festejos, invitándose a los vecinos a que iluminen las fachadas de sus casas y que en la explanada donde están situados los carruajes, se establezcan los puestos de turrones y buñolería a todo el que lo solicite a la comisión que se nombre al efecto, la cual se encargará del señalamiento del sitio que ha de ocupar cada puesto, así como en todo lo concerniente a las referidas fiestas».

En efecto, el 12 de junio de 1879, tuvieron lugar dichos festejos con carácter extraordinario, por cierto, en ese mismo año de 1879, se inauguraba la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción. Desde sus primeros tiempos la Velada linense que sólo duraba un día, ha mantenido un ritmo constante y creciente en su evolución progresista desde la Plaza de Prim o Explanada hasta el «Huerto de Pedro Vejer», donde por su gran explendor y beneficios económicos se ganó el sobrenombre de «La Salvaora», en reconocimiento de los feriantes. Por espacio de setenta y cinco años, la Velada ocupó su propio paseo en el ya citado Huerto de Pedro Vejer, aunque ya le resultaba pequeño. Fue entonces, en 1982, cuando «La Salvaora» recogiéndose su «bata de cola» cambió su condición de hortelana y se convirtió en marinera, sentando sus reales en la Ciudad Deportiva, a orillas del mar de Levante, más cercana que nunca al Peñón y nuestros vecinos los gibraltareños.


Hace ya varios años concretamente en 1960  un genial artista pintó esta portada y entrada de la Caseta de la Unión Deportiva  Linense.-     (Foto Tornay)




No es necesario decir, que a partir del año 1982, nuestra Velada alcanzón una mayor expansión y brillantez. En tal sentido, se puede rubricar con todos los honores, que el momento más apoteósico y multitudinario es el acto de la Coronación de la Reina de las Fiestas, en la linencísima Plaza de la Constitución, en la noche del viernes preludio de la Velada, seguido del desfile de la Gran Cabalgata en la noche siguiente del sábado, inauguración oficial de los Festejos.

El magno desfile y cortejo de la Cabalgata como la sublime gala, que sin quitarle méritos al acto de la coronación, reviste el momento más espectacular y emocionante para chicos y mayores. La rutilante caravana de artísticas carrozas, seguidas de bandas de música, la humorística tropa de gigantes y cabezudos, que hacen las delicias de las gentes menudas; osea de los niños, recorre como en una marcha triunfal las principales calles de la ciudad, ante la presencia de miles de ciudadanos, que en interminables filas bordean las aceras unos sentados otros de pie.

La gigantesca luciérnaga que forman las carrozas, más embellizadas aún por las señoristas que la ocupan, arrojando caramelos como si fuera besos sobre los expectantes infantes y también adultos, que entre saltos y gritos intentan dar alcance al dulce manar que les cae sobre sus cabezas. Son los momentos en que se enciende el alumbrado del recinto ferial y calles adyacentes, que forman un kilométrico rosario de ciento cincuenta mil bombillas multicolores.

Finalizando el monumental desfile de la Cabalgata, se pone en marcha el inmenso y complejo engranaje de la maquinaria ferial que cubre totalmente el recinto. Casetas de baile, tómbolas, aparatos mecánicos de todas clases y tamaños, que hieren con sus estridentes megafonías y zumbido de motores el espacio aéreo, ahogando el murmullo del público y los pregones de los vendedores ambulantes y en puestos fijos, de globos y sombreros de colores, pitos y bartolinos, pulpos asados, perritos calientes, bocadillos de jamón, patatas fritas, almendras garrapiñadas, cocos, algodones endulzados, bares, cafeterías, chocolaterías, buñuelos y tejeringos y un sinfín de puestos que ofrecen toda clase de chucherías y otras zarandajas.

Es el entramado de la inmensa rueda del movimiento continuo de diversiones en la que miles y miles de ciudadanos quedan atrapados muy gustosamente, la Velada y Fiestas se prolonga durante nueve largos días con sus noches, destacan por su significado histórico y popular, el 20 de julio, aniversario de la fundación de la ciudad, como el día de la Virgen del Carmen, patrona de la barriada marinera de La Atunara.

Y ya como brillante broche final, tiene lugar en la noche del último domingo el más fantasmagórico espectáculo pirotécnico sobre el cielo de la ciudad y aguas de la bahía de Poniente. Son los tradicionales fuegos artificiales, entre el relampagueo y tronada de los cohetes trazadores y petardos de la traca, dibujan en el firmamento las bellas filigranas luminosas de un gigantesco encaje de bolillos y ramos de flores con los colores del arco iris. Es el inolvidable y emocionante despido de la Velada y Fiestas de La Línea de la Concepción que en olor de multitudes se manífiesta a lo largo de la Avenida de España, Paseo Marítimo de Poniente, balcones y azoteas de los edificios más elevados de la ciudad. El pueblo entero vibrante de emoción bajo los destellos y ecos de las explosiones de los cohetes, en un adiós y hasta el próximo año.
 
           Francisco Tornay de Cózar responsable del Archivo Municipal


periodico AREA del sábado 13 de julio de 1996 en sus página 8 y 9






                                                                    Luis Javier Traverso
                                             http://lalineablancoynegro.ltduende.com/




Gracias a la Colaboración del Archivo Municipal de La Línea de la Concepción

No hay comentarios:

Publicar un comentario