viernes, 21 de enero de 2011

Una Copa con Cruz Herrera

Artículo publicado en el periódico AREA del viernes 24 de marzo de 1961 en su página trasera

 LosTaurinos de «Los 7 del 7» organizaron un vino de honor al pintor línense José Cruz Herrera para celebrar sus recientes triunfos en MadridBilbaoCasablanca. En otro lugar del periódico encontraran los lectores una brcve reseña del acto, que puso de relieve el carino y la admiracion que siente el pueblo de La línea por su pintor numero uno. En esta sección vamos a limitarnos a dar una ligera inpresion general de cuanto significó el homenaje celebrado en el museo Taurino de don José Cabrera.

 Naturalmente, allí se respira aire de historia y de anécdota tauromaca. Hacia donde quiera que
miramos vemos detalles y asuntos relacionados con el toro y con los toreros. Las fotografías invaden las paredes de una manera total. Tan pronto aparece Manolete como Belmente, Ortega como el Litri. Y las cabezas negras de dos toros presiden la galería. Esperamos oir de un momento a otro el clarín anunciando el comienzo de la corrida. Aunque es de noche, el calor y la aglomeración de personas nos recuerdan la plaza de toros.

En el Museo Taurino Linense --que ya se está quedando pequeño para las numerosas y vellas curiosidades que encierra-- la noche del pequeño, espontáneo y afectuoso homenaje de La Línea al Ordóñez de la pintura, estaba representada La Línea o, por lo menos, lo más antiguo y asolerado de la ciudad. Personas de todas las clases sociales querían expresar a Cruz Herrera cuan intenso e inmenso es el sentimiento, cuan sincero y desbordante es, cuando se trata de aunar y enaltecer lo que atañe, a la ciudad, 1o que ha nacido en ella, lo que la ensalza con el prodigio de su arte y la fama de su nombre. El más viril y hermoso gesto de linense que conocemos del pintor Cruz Herrera, no lo olvidaremos nunca. Ocurrió durante una entrevista que sostuvieron con él en Radio Nacional. Después de hacer la presentación, el locutor dijo:
..Usted es de Cádiz, ¿verdad?
--Sí; pero nací en La Línea de la Concepción, un pueblo de la provincia, -contestó rápido José Cruz Herrera, que siempre ha demostrado tener a mucha honra haber nacido en La Línea.
Vimos cómo se emocionaba el artista. Y se emocionó más aún cuando nuestro general gobernador, don Ramón Robles Pazos, hizo aquella exacta e incisiva definición de los gamberros del arte pictórico, que fue premiada con una prolongada salva de aplausos, extensivos a todo el contenido de su charla dedicada a La Linea y a su buen amigo Cruz Herrera, que supo agradecer vivamente el homenaje  tributado. Gómez de la Mata, Sres. Organizadores... En fin, se cruzaron o intercambiaron palabras de cordialidad, muy expresivas, muy propias de personas que admiran la personalidad destacada de don José Cruz Herrera y le quieren como genuino representante de nuestro pueblo--artísticamente, se entiende- en los Madriles y en donde se encarte.

Mientras departimos con don Emilio de Villar, don Cristóbal López, don Alfonso Jordán y el pintor local Francisco Salmerón, se nos anuncia que va a cantar Juanito Maravillas. Nosotros, que no somos partidarios del cante flamenco o jondo mixtificado, de éste que tanto abunda en la actualidad, tenemos que reconocer y declarar la grata impresión que nos causó Juanito Maravillas cuando cantó esa creación suya inspirada no sabemos --no recordamos, mejor dicho-- si en el Prendimiento y Muerte de «Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de «Camborios» o en la muerte del mismo poeta de F. Vaqueros. El caso es que la voz del «cantaor» Maravillas fue una maravillosa voz. Una voz entrañable, lejana, como arrastrada por una brisa del Guadalquivir. «Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir». Gustó mucho esta creación y esta interpretación. Es, exactamente, la voz que Federico hubiese preferido para cantar su romance. No era el grito, el tono desgarrado, el arrebato y la cegüera pasional y trágica que imprimen algunos intérpretes del cante grande o cante chico a sus actúaciones. Juanito Maravillas, nos trajo la voz de entre los olivares y se la ofreció a José Cruz Herrera y a todo el auditorio como si fuera una salutación gitana y gentil al pintor Linense. Ese cante es para escucharlo bien, amigo Maravillas.

Obligaciones ineludibles nos hicieron abandonar el campo, el Museo Taurino, queremos decir, antes de que finalizaran los brindis. Sólo había parte de una representación de la muchas personas que quieren y admiran al pintor. Porque para rendirle un homenaje en condiciones, no serían suficientes los locales del Museo Taurino. Habría que celebrarlo en la Plaza de Toros.


periódico AREA del viernes 24 de marzo de 1961 en su página trasera



                                                        Luis Javier Traverso
                                      http://lalineablancoynegro.ltduende.com/







Gracias a la Colaboración del Archivo Municipal de La Línea de la Concepción


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