miércoles, 11 de mayo de 2011

El último Latero

Artículo publicado en el periodico AREA del 18 de noviembre de 1987

La vida va evolucionando, y con ella las diferentes actividades. El siglo XX, sin duda, ha sido el «no va más» en cuando a cambios en todos los órdenes. Aquellos argumentos de Julio Verne, que hicieron «sonreír» a sus contemporáneos, suenan hoy a cuentos de hada.

Una de estas profesiones que prácticamente han desaparecido es la de «latero». No hace todavía mucho tiempo era frecuente observar recorriendo las calles de la ciudad al latero, un hombre con un artesanal baúl a su costado, y una singular «anafe» en la otra, pregonando su presencia y los diferentes objetos que era capaz de reparar: «Se arreglan ollas, cubos, y cacharros metálicos», decía.

Y efectivamente, este artesano, era capaz de efectuar reparaciones en los más diferentes objetos metálicos, habitualmente de lata o porcelana, cuyo «culo» se encontraba roto. Su trabajo lo hacia en plena calle, en la puerta de la correspondiente clienta. Allí ubicaba su taller ambulante, atizaba las ascuas de la «anafe» y con un soldador manual procedía a unir la «pieza» al roto del suelo del recipiente.

Aunque en principio era dos actividades bien diferenciadas, posteriormente el «latero» también «lañaba», es decir «echaba unos puntos metálicos» a recipientes de barro, como lebrillos o tinajas, en cuya superficie había aparecido una grieta. La necesidad obligaba a este tipo de párcheos.

Los tiempos han evolucionado, afortunadamente. Objetos que entonces se habían de reparar, hoy son desechados. Sin embargo, hay quien todavía recurre a repararlos, y busca al «latero», aunque no son muchos los que siguen recorriendo las calles de la ciudad. Puede que haya algunos más del personaje que ilustra este comentario, al que nosotros nos atrevemos a citar como «el último latero». 











Gracias a la Colaboración del Archivo Municipal de La Línea de la Concepción

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