martes, 7 de junio de 2011

Súplica de modificación del Real Decreto de 23 de Octubre de 1895

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Artículo publicado en el periódico El Correo Militar del miércoles 2 de enero de 1895



La Línea de la Concepción

Hemos recibido un folleto que contiene las exposiciones dirigidas a S.M. y al ministro de Hacienda por el Ayuntamiento de este pueblo, en súplica de que se modifique el Real decreto de 23 de Octubre del año actual, que suprime la aduana allí establecida y crea trabas encaminadas a reprimir el contrabando.

Ajenos nosotros a estas cuestiones que requieren estudio previo para juzgarlas con el debido acierto, no podemos ni debemos entrar en su fondo, pero es el caso que forzosamente interviene en ellas el cuerpo de Carabineros, parte integrante del Ejército y sobre el cual pesa un anatema que venimos esforzándonos en desviar por honra propia, y del instituto a que aludimos.

El pueblo de la Línea esta enclavado en terreno ingrato donde la agricultura no es fácil que prospere; donde la industria ha de desarrollarse en beneficio de Gibraltar, y donde el comercio sólo puede hacerse con esta plaza y por esta plaza.

En las exposiciones que hemos leído aparece que el pueblo de La Línea cuenta con 6.837 habitantes varones, incluidos los niños, y 7.000 hembras, y que diariamente van a trabajar á Gibraltar unos 5.000 de ambos sexos, los cuales regresan al oscurecer.

Consta, además, que existe una industria corchera donde trabajan mas de 1.000 operarios y un crecidísimo número de conductores de primeras materias para esta industria. Hay además innumerables brazos dedicados al cultivo de 300 huertos que abastecen a la plaza vecina; 2 000 personas de ambos sexos y edades que ganan el sustento con la pesca; 800 obreros que trabajan en las obras del puerto; talleres para labrar piedra, que sostienen un centenar de operarios, y caleras, fábricas de ladrillos, tejas, etc. elaboración de aguardientes, gaseosas, cervezas, pastas, curtido de píeles, tejidos y más de doscientos establecimientos de diferentes clases, cuyo personal vive exclusivamente de la industria legal que ejerce.

De estos datos se deduce lógicamente, por medio de una sencilla operación aritmética, que en el pueblo de la Línea  tienen ocupación honrada todos sus habitantes, incluso los enfermos y los niños, sin que haya, como en todas las demás poblaciones, gente de oficio desconocido, vagos, ni capitalistas que vivan de sus rentas.

Lejos de nuestro ánimo está el oponernos a lo que aquel Ayuntamiento, en nombre del pueblo que administra, solicita, pero séamos lícito hacer notar, que el presentarlo como modelo de laboriosidad y honradez siendo sus habitantes seres humanos cual lo somos todos y teniendo al alcance de su mano el fraude y el contrabando que les brinda con pingües beneficios, es un argumento cuya notoria exageración hace desconfiar de las actuales pretensiones.

No puede ocultarse á nadie que una parte de esa población, a la que se supone ocupada en trabajos lícitos, vive del contrabando; y que esos miles de personas que diariamente van y vienen de Gibraltar, son otros tantos portadores de géneros que, en mayor ó menor escala, se introducen en territorio español sin pagar derecho alguno.

Y como el cuerpo de Carabineros, por muy numeroso que allí sea, que no lo es, resulta impotente para reprimir, escaso para vigilar, y sin apoyo para perseguir, véanse sus individuos burlados a todas horas, y lo que es peor, ofendidos en su reputación al creerlos cómplices de los fraudes.

Ignoramos si el decreto cuya modificación se pide tiende á remediar esto que es lo que a nosotros más nos duele, ó si perjudica a la Línea sin evitar lo que evitarse urge; pero sea como fuere, entendemos que es asunto
sobre el cual debe meditarse mucho, ya que desgraciadamente nos vemos precisados a soportar la vergüenza que lleva el nombre de Gibraltar, y lo que es peor aún, a contribuir a que aquélla se perpetúta facilitando él desarrollo y la vida material de esa plaza, donde españoles entran para llevar allí la sangre nacional y de donde españoles salen para traer aquí la anemia que nos consume.

El actual ministro de Hacienda, en cuya honradez tenemos fe y en cuyas iniciativas confianza, puede dar solución a un problema que afecta hondamente a los intereses que le están confiados y al prestigio de la fuerza armada que vela por ellos.

Esto es lo que pide el comercio de buena fe y esto es lo que piden los hombres honrados que, confundidos se ven hoy en las inmediaciones de Gibraltar, con los que no lo son.

Y esto pedimos también nosotros, en nombre de los calumniados  carabineros, que su vida esponen y su honra entregan a los que vida y honra de estos servidores de la patria, menosprecian.

Y esto, por último, es lo que entendemos pedirá también el Ayuntamiento de la Línea de la Concepción.







Luis Javier Traverso




Documento perteneciente a la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España

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