lunes, 10 de junio de 2013

Breves Noticias en el Periódico el Clamor Público del 22 de noviembre y 11 de Diciembre de 1850

 —Falta de un cementerio.—

Con fecha del 12 nos escribe lo siguiente nuestro corresponsal de Glbraltar:

Se repite una lamentable escena en estas afueras que sugiere melancólicas reflexiones. Con frecuencia acontece que al pasar por el camino de San Roque a la Línea se tropieza de pronto con un fúnebre, pero triste y quizá miserable espectáculo. Los vecinos de este punto, aunque son mas de 200, carecen de un cementerio. Al ocurrir una defunción, se ven precisados a conducir el cadáver al de San Roque, que dista cuatro millas. Cuando la desgracia acontece en una familia rica, hacen la travesía con decoro, aun cuando no les sea grato el plus de gastos del viaje del finado y acompañamiento; pero cuando sucede en familia pobre, resulta ser un escarnio, una vergüenza todo el tránsito de la conducción hasta la inhumación. Empiezan por la dificultad y trabajo de tener que buscar el importe del alquiler de un carro, mendigando ya en aquel punto, ó tal vez en esta ciudad, haciéndose por consiguiente precisa la detención del cadáver, pero no la de la putrefacción. Vencida la gran dificultad del importe del carro, no pudiendo costear el viaje a un cortejo, por pequeño que sea, entregan el cadáver humildemente amortajado a la voluntad del carretero.

En el largo tránsito, la gravedad de acto tan fúnebre se convierte en mofa y títeres, no siendo estraño que el conductor entre a solazarse en los ventorrillos, deteniendo el espectáculo a la puerta interior los muchísimos extranjeros que frecuentan este camino presencian tan lamentable escena, mientras los buenos patricios que tal observan se quejan y ahogan su dolor y vergüenza en sus pechos. Hace cuatro días aconteció un caso de esta naturaleza. Murió en dicho punto de la Línea Nícolasa Grandiere, pobre. Sus dos hijos, entre apuros y lágrimas, recogieron de limosna en esta el importe del alquiler del carro, y entregaron el cadáver al carretero, quien, con tres chiquillos que le acompañaban, efectuó la travesía al tenor citado, entre nacionales y extranjeros, con vergüenza y dolor de aquellos, y con sorpresa y sentimiento de estos.

Se escusarían tan lamentables escenas con autorizar la habilitación de un cementerio que hay en dicho punto de la Linea. El señor cura de San Roque haría un beneficio muy loable a estos sus mas de 800 feligreses, y evitaría los escándalos citados, ayudando a dichos vecinos á remover los obstáculos para la habilitación del mencionado panteón.
                                                                               El Clamor Público del 22 de noviembre de 1850

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Ayer un Carabinero que estaba de servicio en la línea española, avanzaba armado hasta 10 pasos de la inglesa, donde el centinela le mando hacer alto, e indicó luego que retrocediese; mas como no lo entendiese o no quisiera el Carabinero obedecer, fue preso por la guardia Inglesa y conducido al principal. En seguida se corrieron partes de una línea a otra, siendo el resultado haberlo entregado hoy a sus jefes, quienes les siguen sumaria.
        
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Serían hoy las doce del día cuando desde estas azoteas se veían correr toda la línea española fuerzas de caballería, parándose en las ruinas de Palmira (en los fuertes de San Felipe y Santa Barbara, cuyos restos yacen en los extremos de dicha línea o playas de levante y poniente). Pudo conocerse que era el Señor Guajardo, Comandante General interino con su estado mayor y escolta que visitaba su jurisdicción.

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A propósito de la Línea y de lo que dije en mi anterior sobra la falta de la habilitación del cementerio en dicho punto, se me ha referido una lamentable escena, consecuencia de dicha falta.

El 15 de noviembre falleció en el mencionado punto de la Línea Fernando Cereño. Su única familia era una hermana pobre y desvalida. Entre mil apuros, pudo esta solamente hallar un burro para conducir el cadáver a San Roque. Asido este al burro por la voluntad de una coyunda, sola la pobre hermana, pasó el largo mal rato durante cuatro millas, hasta conducir en tan extraña y melancólica situación el cadáver de su hermano a la inumacion. Prescindo de comentar tan dolorosa escena, pues en bien fácil de concebir.


                                                                           El Clamor Público del 11 de diciembre de 1850



   Luis Javier Traverso







Documento en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca nacional de España.

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