jueves, 25 de julio de 2013

En La Línea surge el Político que no quiere ser Cacique

El Noticiero Gaditano del Sábado 21 de julio de 1923


D. Fernando González (Fernandito llaman en La Linea, al hombre corpulento, corpulentamente bueno y corpulentamente generoso) ha dejado de ser Alcalde de La Línea, por no querer convertirse en cacique.

Políticos que discurseen y escriban contra el caciquismo, hay muchos, pero, convengamos en que no abundan los que efectivamente llevan a la práctica sus predicaciones.

En momentos de urgencia para la vitalidad de un partido recién llamado al Poder, fue elevado a la Alcaldía linense, el que, cortos meses después, abandona el puesto, seguramente asqueado por los procedimientos a
que querían arrastrarle.

D. Fernando González, anhelante de la prosperidad de su pueblo, del pueblo que vino a regentar, creía sinceramente en posibilidades rectas, que luego vio como querían los de arriba, convertirlas en todo lo contrario.

Suponía don Fernando González, que pasado el momento electoral, en que las realidades de los turnos gubernativos de España, obliga a determinadas actuaciones transitorias, quedaría en libertad de administrar sin prevenciones ni prejuicios. Creía que tras la obligada tempestad, prospera en sedimentos rencorosos, una calma de administración ecuánime y próspera, actuaría compensadoramente haciendo olvidar lo que a todos olvidar interesaba. Pero no fue así; no se quiso que fuera así.

Había que continuar persiguiendo; había que seguir desolando hogares; había que vivir eternamente en una sementera de odios, privando de agua y fuego, a cuantos no vitorean las excelencias de la «buena nueva>... y para esto, no servía el hombre corpulento, corpulentamente bueno y corpulentamente generoso.

Ha dimitido. Le ha sido aceptada la dimisión. Un jardinero, ha sido nombrado alcalde de un pueblo de más de setenta mil habitantes. El manejo de los instrumentos de poda, ha debido ser su mejor título para escalar la alcaldía. La podadera y el armocafre; han sustituido a la vara de Pedro Crespo.

La sangre de muchos fracasados en Cádiz, va a servir de injerto en La Línea, bajo la égida del jardinero hecho alcalde. Un injerto que trasciende a colonización. Ya trabaja el segur y la hoz. Ni aun las plantas más lozanas, merecerán respeto, y en sus arriates, flores anémicas de otras latitudes, van a librar la sabia de un pueblo trabajador, que tiene derecho, cuando menos, a ser él quien disfrute de bu propia usufructuación.


   Luis Javier Traverso





Documento del Archivo de la Prensa Histótica de la Biblioteca Nacional de España.

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