viernes, 6 de septiembre de 2013

Artículo del Daily News y Replicas del Obispo de Antinoe sobre el Contrabando y Comercio con España

Entre 1875 y 1879  se realizaron diferentes cruces de Cartas entre el señor Obispo de Antinoe y la Prensa Española sobre todo "La Época" debido al Comercio legal e ilegal con España. a continuación los trascribo:




"La Época" del 25 de agosto de 1875


"Se hace cargo El Imparcial de un suelto que inserta El Daily News a propósito de las antiguas contiendas entre el comercio de Gibraltar y los guarda-costas españoles, reproducidas recientemente con ocasión de algunos apresamientos. El periódico inglés, con una franqueza que le honra, y que al mismo tiempo nos lastima, hace esta confesión y define admirablemente a Gibraltar, contestando a las quejas que dirige al resguardo español una casa de comercio:

Queremos creer que Gibraltar es en alguna parte un depósito de los algodones estampados de Manchester y Glasgow y que se hacen expediciones de alguna importancia de esos géneros desde el Peñón a Tánger, en Marruecos y a Nemours y Oran en Argelia. Pero es difícil descubrir por qué las autoridades españolas del fisco han de procurar intervenir en ese inocente tráfico, sabiendo que los medios de España, para exportar manufacturas de algodón a África son infinitesimales.
«La estimable casa de comercio que ha protestado contra la afirmación antes dicha declara que no se ocupa
en el comercio de tabaco. Plácenos saberlo. Aceptamos su declaración de que los negocios de que se ocupa son completamente legítimos. Pero al mismo tiempo, para hacer justicia a España y para que lo sepa el público inglés, podemos decir que Gibraltar es patentemente, notoriamente, y para vergüenza de nuestra nación, no solo un depósito de contrabando en la mas vasta escala, sino el punto de reunión de los mas audaces y mas perdidos bribones (scoundrels) de todas las partes del mundo, que se apiñan en aquella árida roca con el objeto y el propósito de hacer dinero, robando (plundering) a la hacienda pública de España. Los verdaderos escorpiones del Peñón (alusión al nombre The Rock Scorpison) son los contrabandistas y los criminales. La mitad de la moneda falsa que circula en España se acuña en Gibraltar. Casi todo el mal tabaco con que se envenena el pueblo español, sale en contrabando del Peñón, y hasta donde llegan esas dos plagas lo ha descrito ya en nuestro periódico, hace cinco meses, nuestro particular corresponsal de Gibraltar.

No es necesario, tal vez, decir mas sobre la materia hasta que el Parlamento tenga conocimiento, como es necesario que con toda brevedad le tenga, de la actitud comercial que, contra la equidad y contra la amistad entre ambas naciones, tiene la Gran Bretaña respecto a España en las Columnas de Hércules

Desgraciadamente para España, El Daily News no se equivoca ni exagera. Tenemos en  nuestro propio territorio un nido de contrabandistas y monederos falsos, inaccesible e inviolable, porque le ampara el pabellón de una potencia de primer orden y amiga. En los primeros momentos de cada una de nuestras conmociones políticas, aprovechando el desamparo de autoridades en que se hallan nuestras poblaciones inmediatas, los contrabandistas las invaden con sus fardos, disminuyendo las rentas públicas en un largo período; en tiempos mas normales, la guerra del contrabando continúa, y como no siempre la razón puede prevalecer cuando está de parte de los débiles, los gobiernos españoles han tenido alguna vez que transigir, en los conflictos y reclamaciones ocurridos, entre el resguardo que protegía nuestras costas y los buques ingleses que pasaban a su vista con cargamentos sospechosos ó españoles que burlaban la persecución del resguardo.

La existencia de Gibraltar no solo es para España una vergüenza, sino un serio peligro y una implantación extranjera onerosa y llena de inconvenientes; que en el estado actual de las ideas en Europa no subsistiría, si en vez de haber debilitado nuestras fuerzas en la lucha.de los partidos, atizada con frecuencia por influencias exteriores, España hubiera tenido cordura, convirtiendo sus esfuerzos hacia el bien público y recobrando su prestigio. A la España fuerte y próspera, acaso, no le hubiera sido difícil la recuperación pacífica de Gibraltar en cambio de otros servicios; y de todos modos, le sobrarían entonces medios de impedir por la fuerza el fraude de sus rentas, sosteniendo con vigor la acción de sus agentes.

Si nuestras desastrosas divisiones no amortiguasen el espíritu público y el gran instinto nacional, a cada noticia de las que afectan al orgullo patrio se despertaría este con imponente manifestación; los pueblos que experimentan estos grandes afectos se unen y se engrandecen y forman naciones tranquilas y felices interiormente, dispuestas a combatir todo lo que hiera aquellos honrados sentimientos. Sensible es que consumamos el brío de que tantas muestras dan nuestros ejércitos y nuestros partidos al pelear con las armas y con la acción en destruir a la patria, en vez de sostener sus intereses y su buen nombre  contra los que en el exterior nos juzgan débiles, y con razón, pero solo porque estamos divididos."



"La Época" del 19 de septiembre de 1875


UNA RECTIFICACIÓN DEL OBISPO DE GIBRALTAR 


"En "La Época" del día 25 de agosto reprodujimos, traduciéndolo de uno de los periódicos mas autorizados de Londres, un artículo relativo al contrabando que se hace en Gibraltar, a propósito de las antiguas contiendas entre el comercio de esta plaza y los guarda-costas españoles, reproducidas recientemente con ocasión de algunos apresamientos. El señor obispo de Antinoe, Vicario de Gibralar, nos ha dirigido un largo comunicado para sincerar de los cargos que contiene el artículo del periódico inglés al vecindario de aquella población. El lenguaje del señor obispo, que alguna que otra vez emplea el dictado de villano, con escaso aprecio del buen gusto en el lenguaje, sin duda porque del castellano ninguno conoce mejor que el que suele oírse a las gentes de aquellas playas, no es el mas acomodado a la polémica que suscita, y además comete la injusticia de envolvernos en una responsabilidad común con el periódico británico.


 Retrato de Juan Bautista ScandellaVicario Apostólico de Gibraltar y Obispo de Antinoe
Fotografía perteneciente al Archivo Municipal de Malaga (http://catalogoarchivo.malaga.eu)

Ni tenemos necesidad de vindicarnos de ningún cargo de los que nos dirige el señor obispo, ni aunque hubiéramos de vindicarnos usáramos de la acritud de sus palabras. Estas, en su generalidad, no son mas que simples declamaciones, y como el comunicado que nos dirige es demasiado largo y no disponemos de espacio para insertarlo, he aquí el resumen de los hechos de que trata:

«Sostengo del modo mas terminante que Gibraltar puerto de mar, visitado anualmente por dos ó tres mil buques, la mayor parte vapores, centro de un vasto comercio y fortaleza de primer orden defendida por 6.000 soldados, es de todas las ciudades del mundo, en análogas circunstancias, la ciudad donde se cometen menos crímenes y donde es mas general la moral.

Para entender en las causas criminales, aquí como en Inglaterra, el tribunal se abre dos veces al año; y cada vez bastan cinco o seis días para fallar sobre igual número de crímenes cometido durante el último semestre; y la regla es que en este reducido número los delincuentes extranjeros exceden en no poco a los naturales y a los extraños domiciliados por bastante tiempo en esta ciudad. Por esto es que casi no hay sesión alguna en la que el Juez no felicite a esta población por que tan raro sea el crimen en ella.

Hay mas: en el momento que escribo estos renglones, quince reos expían en nuestro presidio las penas de sus delitos. De ellos, doce son extranjeros; tres solamente naturales de este pais, ó desde hace mucho tiempo domiciliados aquí.

En cuanto a la moral de un pueblo, acaso la regla mas fácil y mas segura para conocerla es la de averiguar la
proporción en que los hijos ilegítimos estan respecto a los legítimos. No puede haber moral sin educación, ni
educación sin familia, ni verdadera familia sin legítimo matrimonio.

En esta materia  Gibraltar aventaja no poco a los pueblos mas civilizados. Siento que los estrechos límites de una carta no me permitan citar por extenso los datos alegados en un trabajo publicado en 1869 en el Boletín de este vicariato; sin embargo, baste citar los dos siguientes cuadro* (pág. 214 y 312):

Un Quinquenio

Legítimos

Cuba. 600
Viena, 64.525
Gibraltar. 2.635

Ilegítimos

Cuba. 1.100
Viena, 62.051
Gibraltar. 129

De las estadísticas oficiales de Alemania, Austria, Francia y Bélgica, resulta que Prusia unos veinte años hace era la mas moral en esta materia, y en ella había un ilegítimo para cada 13 legítimos. Ahora bien; en Gibraltar, en esa reunión de los que con galantería sin igual se complacen Vds. en llamar bribones, para cada ilegitimo hay mas de 20 legítimos.

Tampoco en ninguna parte del mundo la vida, y la hacienda están tan seguras como en este árido peñón.

Las terribles vicisitudes por que ha atravesado España desde 1888 han obligado a un número sin cuento de personas honradísimas y dignísimas, la mayor parte de Andalucía, a refugiarse en esta; muchas de ellas permanecieron entre nosotros por algunos meses. Invoco con plena confianza el testimonio de testigos tan fidedignos.

No esta V. acertado en lo de las acusaciones especiales de acuñadores de moneda falsa y de contrabandistas.

La primera es absurda. ¿Dónde y de quién ha salido que en Gibraltar se acuna, no diré la mitad de la monea falsa que circula en España, pero ni siquiera un solo maravedí. Jamas, jamas se ha acuñado falsa moneda en Gibraltar de ninguna clase.. Es cierto que como dos años hace hubo en esta quien distribuyó algunos doblones falsos de Isabel II; pero este infeliz  era un español que diariamente venia para esto a Gibraltar. Cogido infraganti, no tardó en expiar su culpa.

Ea cuanto al segundo cargo, hubo un tiempo que desde Gibraltar se hacía en grande escala y por propia cuenta el contrabando en España. Hoy, gracias a Dios, esto no se hace. Confesaré que esta reforma se debe atribuir notablemente, mas a los malos resultados pecuniarios de tal género de trafico que a desinterés o a razones de elevada probidad. Es un hecho que todos los que se han dado al contrabando en esta han sufrido pérdidas inmensas. La razón es clara: no pudiendo hacerlo solos, tenían que acudir a la complicidad de personas en España. Estas personas no eran ni podían ser, por la naturaleza misma del oficio, modelos de moralidad. Ademas, por regla general, carecían de fondos, y había que fiarles. El resultado era que los dueños perdían su genero o lo cambiaban por créditos que a menudo no se pagaban, y cuando mas había que contentarse con una mezquina porción. Los escarmientos fueron tales y tantos, que los de Gibraltar han abandonado este trafico.

No ignoro que, a pesar de esto, el contrabando ha seguido; desde 1868 hasta el año pasado se ha hecho en
una escala vasta, en ciertos momentos de una manera escandalosa. Pero los contrabandistas no han sido los
vecinos de Gibraltar; han sido esos que durante las recientes y grandes desventuras de España han venido aquí a bandadas, sin el menor reparo, con cinismo sin igual, y diría haciendo alarde ello, para comprar nuestros géneros e introducirlos en su patria, cuya honra y hacienda sacrificaban por una vil ganancia personal.

La posición de los comerciantes de Gibraltar, a mi entender, es idéntica a la que tienen los de las grandes ciudades citadas. Es muy probable que en Marsella suceda exactamente lo mismo que tiene lugar en esta. Diré mas, si en el género de comercio que se hace en Gibraltar hay culpa, el gobierno inglés ha de ser el principal cómplice puesto que, al declarar esta ciudad Puerto Franco, no ignoró ni pudo ignorar que este género de comercio se haría y en grande escala.

Por lo demás, lo repito, sería para mi motivo de grande consuelo y orgullo, y para ello hago los mas fervientes votos, que Gibraltar aumentado su riqueza y prosperidad, sin perjudicar por eso en lo mas mínimo a un pueblo al cual nos unen vínculos estrechísimos y al que debemos servicios inmensos, con tanta mas razón cuanto que ya tan noble pueblo, por otras consideraciones, harto sufre en su honra y en su poder a causa de Gibraltar.

Por lo demás, si en Gibraltar hay la mucha moralidad que gracias a Dios existe, no es obra exclusiva de sus vecinos, ni por ellos son acreedores a extraordinarias alabanzas. Débese tamaño beneficio a un concurso providencial de causas que han producido su efecto natural.

Habiéndome extendido mucho mas de lo que me habia propuesto, me ciño a indicar brevemente dichas causas, que son:

 La admirable estabilidad de nuestras instituciones. Inmensos son los perjuicios que proporcionan a la moral los frecuentes y violentos cambios políticos, sobre todo cuando afectan a las bases fundamentales de la vida de los pueblos.

 La legislación especial de esta fortaleza, que no permite agitación política de ningún género; agitación que enardeciendo las pasiones y los odios, es fuente perenne de crímenes y males.

La imparcialidad e inexorable severidad con que se han castigado los delitos; severidad que, si bíen comparada con lo que sucede en otras partes puede tachársele de exagerada, es, sin embargo, un remedio eficaz contra el crimen.

4ª La condición topográfica de este peñón, que hace casi imposible la evasión del reo. La seguridad de esta en manos do la justicia es un antídoto preventivo y sobremanera eficaz.

5ª La inamovilidad de los funcionarios públicos cuyas servicios son retribuidos con bien entendida generosidad. A esto se debe en gran parte la conocida probidad de nuestros empleados.

 La abundancia de trabajo para los artesanos y jornaleros, que aleja de nosotros la miseria  madre fecunda del delito y del vicio. Para atender a sus mar urgentes necesidades Gibraltar ha menester diariamente 2.000 obreros extranjeros, cuya mayor parte, concluida su tarea, regresa a España.

La educación de la juventud, que de veinte años a esta parte ha sido general aquí. En 1852 había 42 escuelas, a las que asistían 3015 niños: este número se ha después aumentado. Téngase presento que no llegan, a 18.000 los habitantes de este pueblo.

A estas causas debiera añadir la constante y benéfica acción del clero; pero acerca de esto no puedo extenderme. El celo, doctrina, virtud de los sacerdotes que se consagran a la santificación de esta población no son aquí desconocidos. Mas sobre esto otros hablaran con mas imparcialidad de la que yo pueda tener.

Las consideraciones que preceden demuestran con evidencia que, si no somos santos ni  Héroes, ni eminencias científicas, no somos ni de lejos lo que V. nos cree con palmaria injusticia.

Como complemento de lo dicho, observo que si el estado de esta población fuera el descrito por su corresponsal, habría que inferir que los mayares criminales serían el gobierno de S.M., los gobernadores de Gibraltar y todas nuestras autoridades, puesto que tolerarían tan horribles abusos.

Soy de V. atento servidor, Juan B. Scandella, obispo de Antinoe, vicario apostólico de Gibraltar."



dos años después el Obispo de Antinoe  remite otra carta sobra el establecimiento de una Aduana en Puerta Tierra y así lo pública:



"La Época" del 11 de marzo de 1877

"Sentimos carecer de espacio para insertar íntegra la notabilísima pastoral publicada por el obispo de Antinoe para excitar a los católicos de Gibraltar a asistir a una Junta en que han debido discutirse medidas relacionadas con la proyectada ley acerca del comercio de aquella plaza.

Naturalmente, el comercio de Gibraltar se resiente de que su gobierno, con honradez laudable, ponga cortapisas al contrabando, que es su vida; pero nosotros no podemos menos de aplaudir que el contrabando concluya. Conserve en buen hora su presa la nación británica, mantengan como plaza fuerte, pero impida que el comercio honrado de nuestra patria sufra las lamentables consecuencias de esa vecindad enojosa.

La Junta se celebró el jueves en Gibraltar, bajo la presidencia del Sr. Francia. En ella se dio cuenta de lo que parece ha resuelto el gobierno inglés, de establecer una aduana, tanto en la Puerta de Mar como en la de tierra. No se permitira carguen tabaco buques de menos de 40 toneladas, y estos han de llevar certificado de la carga que llevan y devolverlo firmado por el cónsul de S.M. británica luego que desembarque, saliendo entretanto garante un comerciante de responsabilidad. No siendo en España admitido el tabaco, no se expedirán certificados para este punto. Se impondrá un derecho al tabaco. Estas disposiciones, si, como aseguran, empezaran a regir antes de dos meses, concluyen con el contrabando, y la renta de tabaco, si el gobierno español surte de buena calidad los estancos, se aumentará considerablemente. En la puerta de tierra o línea se establecerá otra aduana, donde se expedirán talones numerados, que dirán: «Tal efecto, a adeudar en la aduana de España.» El comercio hará naturalmente todos los esfuerzos posibles para evitar esto, pero parece  resuelto ya por el gobierno en Gibraltar.

Es un grande ejemplo de moralidad política la que da el gobierno inglés, anteponiendo la justicia de esa medida al interés de una población importante. Aquella política utilitaria de otros tiempos desaparece. Hoy la justicia y la equitativa reciprocidad son la base de las relaciones de los pueblos, Es un.verdadero progreso.


El 29 de Diciembre de 1878 "El Globo" publica lo siguiente:

El obispo de Antinoe, vicario católico de Gibraltar, ha dirigido una exposición al ministro de Hacienda de Inglaterra para que difiera la aplicación de las ordenanzas que iban a establecerse en aquel puerto.

El reverendo dice sencillamente, en apoyo de su petición, que con las ordenanzas se acabara el contrabando que desde aquella población se introduce en España.

Nos parece este obispo mas a propósito para dirigir la manada de pavos que todos los días  pasaba La Línea con paquetes de tabaco bajo las alas, que para apacentar los corderos de Cristo."


El 12 de enero de 1879 en "La Época" se publica otra carta del Obispo de Antinoe sobre el Comercio con España:


EL SEÑOR OBISPO DE ANTINOE.

Y EL CONTRABANDO DE GIBRALTAR

"Recordaran los lectores de "La Época" que hemos hecho algunas observaciones al deseo manifestado en públicos documentos por el Reverendo Obispo de Antinoe, apostólico de Gibraltar, respecto al comercio mas o menos ilícito que realiza con España aquella plaza de guerra inglesa, y esas observaciones, siempre respetuosas para el docto prelado y siempre justas para los intereses nacionales, han dado ocasión o fueron motivo fundado para que se nos dirija la siguiente carta por un respetable obispo de la cristiandad.

He aquí íntegro ese documento, digno de ser leído por la firma que lleva al pié y por la autoridad apostólica que representa su respetable y para nosotros respetado autor;

«Señor director de La Época

Muy señor mío: Gracias a la bondad de un amigo que me proporcionó los números del periódico que usted dirige correspondientes al 28, 29  y 30 de diciembre último he visto cuanto en ellos se escribe acerca de la parte que tomé en la cuestión del tabaco, cuestión que tan hondamente agitó a esta población dos años hace.

Y como quiera que en dichos escritos se contienen imputaciones que lastiman grandemente la dignidad de que me hallo revestido, creo mi deber someter a V. las .siguientes observaciones, confiando en que su imparcialidad las hará del dominio público.

No es mi ánimo defender mi conducta, y mucho menos renovar discusiones sobre las que para el bien de todos, he resuelto no ocuparme mas. Haya o no sido acertada esa conducta, ahora solo deseo declarar;

Que en todo este asunto mis intenciones no fueron otras que las de alejar, en cuanto pudiera, la terrible calamidad que amenazaba a este país, y sobre todo, a los 2.000 obreros que trabajan en el tabaco, y que hubieranse visto sumidos con sus familias en la mas espantada miseria al ponerse en vigor sin las oportunas o debidas precauciones la ley que sobre el comercio del tabaco el gobierno inglés estaba resuelto a promulgar.

-Que en todos mis escritos sobre la materia no he sostenido mas doctrina que la enseñada por la moral católica.

Dicho esto, declaro:

1º Que seguramente se equivocó V. cuando dijo en tres números sucesivos de La Época, haber leído en El GIBRALTAR GUARDIAN mi exposición al gobierno ingles. Este periódico nunca ha publicado tal documento; ignoro, pues, dónde lo habrá V. leído, y si lo que V. leyó contendría fielmente mis palabras.

2º Que ni en ese escrito ni en ningún otro he dicho que los que introducen artículos de contrabando en España son gibraltareños o vecinos de esta población. He sostenido lo contrario en el referido documento y en otros que han visto la luz pública, algunos en la misma Época.

3º Que es de todo punto inexacto que yo en mi escrito haya considerado natural y lícito el contrabando que desde aquí se haga con España, hágalo quien lo hiciere. La contraria es mi doctrina, que, repito, es la que enseña la Iglesia católica.

Aunque esto se halle consignado claramente en el documento que tanto ha escandalizado a V., ahora insisto en declarar que el contrabando siempre, pero aun mas cuando se hace por la violencia o por la connivencia y participación de loa encargados por el Estado de impedirlo, es para mí. como para todo católico, un acto de grave inmoralidad, por cuanto es una, abierta defraudación de los intereses públicos.

4º Que lo que he dicho acerca de la, cantidad de tabaco que de aquí sale para España está copiado de un despacho del general Somerset, entonces gobernador interino de Gibraltar, el cual despacho se publicó en el Shipping-Gazzete y se reprodujo luego en el Gibraltar Chronicle. Personas competentes me aseguraron mucho después que eran exagerados los cálculos del referido general

5º , Que antes de que yo lo refiriese en mi escrito, ya era público y notorio que el gobierno inglés conocía perfectamente que había buques pequeños, y sobra todo faluchos españoles que hacían infundadas declaraciones acerca del puerto a que se dirigían. Así consta en otras declaraciones que las autoridades competentes hicieron en épocas anteriores a mi escrito. Con fecha 26 da agosto de 1874; el representante inglés en Madrid escribía a Lord Derby: «La mayor parte de este contrabando se lleva a cabo, según me aseguran, en buques que salen de Gibraltar con papeles falsos para los puertos de África » Otros comisionados del gobierno inglés, fundados en informes facilitados por los cónsules ingleses en Málaga y Cádíz, los Sres. Chester y Barton, en 21 de noviembre de 1876,  declararon que «por lo regular los faluchos que salen de Gibraltar aparentemente para Oran, Melilla y otros puertos de África, en realidad se dirigen a la cesta de España» 

Es, por consiguiente, indudable que el hecho era público y que el gobierno inglés lo conocía y el español no lo ignoraba; mas al yo referir el hecho, no por eso lo apruebo. Lea V., señor director, mi escrito, y en todo él no encontrará ni una sílaba que confirme la grave imputación que contra mi se ha permitido V. formular, diciendo que para mí nada es mas natural que esa falsificación de papeles, y en cambio hallará V. la mas terminante condenación de un hecho por todos conceptos censurable.

Supuesto lo dicho, ahora tendría que referir lo que realmente contenta mi Memorándum, su origen, naturaleza y objeto; mas como así esta carta se haría demasiado extensa para un solo número de su periódico, reservo para otro día la continuación de mi defensa si usted consiente acoger en las columnas de La Época estas líneas, a las  que pongo fin, observando que mientras V, me acusa do favorecer en mi exposición ó Memorándum los intereses de los almacenistas y comerciantes de Gibraltar, con perjuicio de los de España y de la moral evangélica, un crecido número de estos almacenistas y comerciantes me acusan de lo contrario, es decir, de que por miras personales me propuse sacrificar el bien de esta población en favor de las intereses de España. La contradicción no puede ser mas explícita. Felice qui potuit rerum cegnoosere causas. (Senec.)

Queda, señor director, con la mayor consideración de V. humilde servidor Q. S. M. B.,— El. obispo de Antinoe.

Gibraltar 7 de enero de 1879.

Aunque el señor obispo de Antinoe tiene decidido y resuelto no ocuparse mas de la proyectada ordenanza de Gibraltar y del comercio ilícito que, contra la voluntad de los gobiernos y de dos naciones amigas, se verifica desde el Peñón, séanos licito exponer alguna consideración en justa defensa de  La Época.

En materia de contrabando y defraudación  no caben términos medios, avenencias ni conciliaciones. Este es un principio elemental que sabe perfectamente el señor obispo dé Antinoe. Lo que es malo desde su origen tiene siempre un vicio que rechazan de consumo las leyes y la conciencia humana, pues bien; el contrabando no solo supone una ocupación ilícita sino una defraudación manifiesta, y como lo que se defrauda al Tesoro de una nación es tan pecado y tan delito como el robo y el hurto que se hace a un particular, de ahí resulta que no hay medio de concordia  ni de transacción entre lo bueno y lo malo lo lícito y lo ilícito, lo legal y lo ilegal.

Partiendo de esta base el señor obispo de Antinoe, cuya autoridad episcopal respetamos y cuya rectitud de intenciones nadie debe poner en duda, ante la calamidad que resultaría de la falta de trabajo para 2.000 Trabajadores en tabaco, que la proyectada ordenanza no se discutiera, ni se aprobara, ni se promulgara, es decir, que se suspendiese una reforma útil, necesaria, conveniente, que debilitaría o acabaría el contrabando, para que los pobres Jornaleros empleados en la confección del tabaco tengan los medios de vivir. Esto supone en el señor obispo un buen deseo y un buen propósito; pero tal conducta lleva consigo la aspiración de remediar un mala, costa de crear otro mayor. Porque si 2.000 obreros han de vivir de la materia contrabandeada, 17 millones de españoles, que sufren las consecuencias de ese mal y del quebranto reportan al Tesoro público, tendríamos derecho a que no continúe un trafico a todas luces inmoral, por solo el hecho de que viven muchas familias de sus no santos productos.

Bien sabemos que la posición de un prelado impone y obliga a mucho. Los diocesanos del señor Obispo de Antinoe le han pedido, le han rogado, le han suplicado hasta de rodillas que los amparase contra la proyectada ordenanza y movido por su buen corazón, y por su deseo de evitar conflictos, fue a Londres, habló con los principales miembros de ambas Cámaras; conferenció con el Conde de Carnarvon, entonces ministro de Colonias, y debido a sus gestiones y a la salida del Gabinete del noble lord, quedó en suspenso la reforma. Pero ni los diocesanos agradecieron al señor obispo su influyente intervención, porque aspiraban a mas gollerías, ni los españoles han visto con agrado su personal influencia al servicio de una causa que la conciencia católica del Ilustre prelado rechaza y que a España perjudica grandemente.

Por lo demás, el señor obispo no recuerda bien, por hallarse ausente de Gibraltar, los documentos publicados en aquella plaza, las cartas, comunicados y contestaciones que vieron la luz en el Peñón, y hasta el folleto que contiene la solicitud de su Excelencia Ilustrísima al gobierno de la reina Victoria.

Las ideas que expresa el reverendo prelado y los principios que proclama en la carta anterior son excelentes, como cuadra a un Obispo de la cristiandad, y por ello le felicitamos. Solo deseamos que en lo sucesivo permanezca neutral en la lucha que sostienen el comercio de buena y de mala fe, para que España no padezca mayores quebrantos por la introducción de géneros de contrabando. Na a Inglaterra le conviene alimentar y favorecer cierta clase de codicias particulares, por otros extranjeros y no ingleses mantenida, ni a las autoridades católicas les conviene intervenir en cierto linaje de cuestiones, espinosa y delicadas de suyo.

Ya ha visto el señor obispo que "La Epoca", no niega sus columnas a un prelado digno de estima y especial consideración."


"El Imparcial" del 15 de enero de 1879 también publica la carta del Obispo de Antinoe cuyas conclusiones son las siguientes.

"Ante todo haremos notar a La Época que, según el señor obispo asegura terminantemente, El Gibraltar Guardían nunca ha publicado su exposición como la Época ha afirmado por tres veces consecutivas.

¿Ve ahora el colega si teníamos razón al asegurarle con insistencia que no tomábamos de El Gibraltar Guardian las citas que hacíamos de la exposición del señor obispo de Antinoe? ¿Se convence nuestro colega de que puede tener inconvenientes su manía de querer llevar siempre razón, y que vale mas reconocer a tiempo el error cometido?

Vengamos a lo que dice el reverendo prelado. Aduce éste varias citas para probar que los hechos que relata en su exposición son exactos, y reproduce unas líneas de lo que el representante Inglés en Madrid escribía a lord Derby en 26 de agosto de 1874, esto es: «La mayor parte de este contrabando se lleva a cabo, según me aseguran, en buques que salen de Gibraltar con papeles falsos  para los puertos de África.»

Está bien; pero como nosotros no sólo no hemos dudado de lo que el señor obispo de Antinoe, vicario apostólico de Gibraltar, afirmaba;como, por el contrario, aceptábamos los hechos como exactos, y con ellos y sobre ellos fundábamos nuestros argumentos, no tenemos para qué tratar mas extensamente ese punto.

El señor obispo se queja de que hayamos dicho — porque ta que hizo La Época fue copiar como suyo un comentario nuestro— se queja, repetimos, de que hayamos dicho que hallaba muy natural esa falsificación de papeles; falsas declaraciones, dijimos, si mal no recordamos.

Pero si el señor obispo de Antinoe repara un tanto en el asunto, verá que la deducción no podía ser mas lógica. El señor obispo reconoce, afirma y explica como se hace el contrabando, con las falsas declaraciones, digamos ahora, falsos papeles y demás que en su «Exposición» se contiene.

Lo Ordenanza aduanera proyectada por lord Carnarvon tenia por objeto precisamente impedir aquel contrabando y aquellas falsas declaraciones.

El señor obispo se creyó en el caso de reclamar contra aquel proyecto de Ordenanza.

Pues, ¿cómo quiere el reverendo prelado que no se diga que hallaba naturales el contrabando y aquellos procedimientos empleados por los contrabandistas?

¿Se trata de intenciones ? Las del reverendo prelado serán muy rectas, nada hemos dicho en contrario; no tenemos motivo para suponer que no lo sean; es mas, creemos que lo serán. Pero no so trata de la intención, sino de los hechos.

El señor obispo de Antinoe, vicario apostólico de Gibraltar, declara en la carta que copiamos que considera ilícito el contrabando, y que esto es lo que enseña la Iglesia, y que el contrabando es siempre para todo católico un acto de grave inmoralidad.

Perfectamente; y en esa misma inmoralidad creía sin duda lord Carnarvon, pues que preparó el proyecto de Ordenanza.

Pero entonces, ¿por qué el señor obispo de Antinoe, vicario apostólico de Gibraltar, con muy buena intención sin duda ninguna, acumuló en su escrito argumentos y mas argumentos para que no se llevase a cabo la proyectada Ordenanza, o lo que es lo mismo, para que siga haciéndose como se sigue haciendo el contrabando.

Que haya habido aquí un error grave de apreciación por parte de aquel prelado; que fiado en, ó deslumbrado por la rectitud de su intención no haya visto que por sostener, como en efecto sostenía y amparaba intereses materiales ajenos, amparaba y sostenía lo que la iglesia, según él mismo, censura, condena y reprueba, no tenemos dificultad alguna en admitirlo.

Por lo demás, el mismo señor obispo dice en su carta que un crecido número de almacenistas y comerciantes de Gibraltar le acusan de haber obedecido a miras personales en beneficio de España, y esto probará al reverendo prelado que no se tratan fácilmente las cuestiones económicas, cuando por hábito y por razón de un cargo espiritual, hay que dedicar todo el tiempo a tratar otros asuntos de índole absolutamente distinta y a cuidar de los intereses espirituales, y así, trabajando contra los intereses de España, ha descontentado al mismo tiempo a los gibraltareños.

Esto ultimo acaso no lo entienda La Época, porque como se empeñó en decirnos por tres veces que conocía el escrito del señor obispo do Antinoe por haberlo leído en El Gibraltar Guardian, y ahora dice señor obispo que El Gibraltar Guardian publicado nunca semejante documento, es posible que la Época no sepa que el escrito en cuestión tenía ó tiene tres partes, la ultima de las cuales se titula «Compensaciones.»

Hasta ahora, nonos hemos ocupado mas que de la primera, y como ha podido verse en nuestros artículos, no para apreciar la actitud del señor obispo en el asunto, que esto era solo un incidente, sino para tomar de aquel escrito hechos y datos con que demostrar la necesidad de que nuestro Gobierno reclame del gobierno inglés la promulgación de la Ordenanza de Gibraltar, ó adopte, caso de no obtenerla, las medidas que ya otras veces hemos propuesto, y que nuevamente indicaremos.







   Luis Javier Traverso









Documento del Archivo de la Prensa Histórica de la Biblioteca Nacional de España.

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