domingo, 20 de noviembre de 2011

Temor a un Ataque Ingles al territorio Español en 1880 y la problemática del Contrabando

Artículo publicado en el periódico "La Iberia" del Sábado 25 de septiembre de 1880

EL CAMPO DE GIBRALTAR.

De algún tiempo a esta parte viene preocupando la atención publica la tendencia cada día más acentuada en las autoridades de Gibraltar de invadir nuestro territorio, de ejercer en él una jurisdicción que no consiente el tratado ajustado entre España y la Gran-Bretaña en 7 de Junio de 1714, y que de tolerarse contribuiría poderosamente á amenguar nuestro prestigio y al desmembramiento de la integridad de 1a patria.

La prensa gaditana los periódicos de Algeciras han sido los primeros en dar la voz de alarma denunciando las disposiciones manifiestamente hostiles del gobernador de aquella plaza, lord Napíer de Magdala.

No creemos que el honorable general ajuste estrictamente a las instrucciones de su Gobierno cuando ejecuta actos y formula exigencias que no pueden presenciarse, que no se queden oír sin que  suba al rostro el carmín de la vergüenza.

Sabido es de todos que el art.10 del tratado de  Utrech no concede á Gibraltar ninguna jurisdicción territorial fuera del recinto de sus murallas, ni más aguas marítimas que las de su bahía, y que solo por una deplorable complacencia se ha permitido a las autoridades inglesas que poco á poco invadan nuestro territorio, labrando en él sus huertas y jardines y que edifiquen en, el mismo sus necrópolis cuarteles, trincheras y establecimientos públicos, hasta el punto que de intrusión en intrusión y de tolerancia en tolerancia se ha llegado á reconocer la legalidad del llamado campo neutral, el cual abraza un gran espacio de terreno, en el que cada día adquiere mayor dominio la Gran Bretaña, del mismo modo que lo gana ensanchando su zona marítima por mediada una linea que arranca de Punta Mala y somete a la jurisdiccion inglesa gran parte de las costas españolas.

« Los soldados ingleses—dice El Ultimo Telegrama, periódico que se publica en Algeciras— están ya al habla con los aguerridos defensores de la integridad española, y recientes hechos que hemos consignado en números anteriores han dado a conocer á España que los ingleses pretenden usurpamos parte del terreno de que es únicamente señor y soberano D. Alfonso XII.

Hasta aquí, si bien los conflictos acusaban harta frecuencia y obstinada repetición, zanjábanse amistosamente, si tal pueden llamarse las concesiones que dia por día les otorgábamos. Pero quizá interpretando nuestra cortesía por miedo, tal vez por ruin debilidad, ha creído Inglaterra llegado el momento de romper por todo, y ha dictado al gobernador de la vecina plaza la minuta de la comunicación que públicamente se dice ha recibido del comandante general de este campo.

Trátase nada menos que de dar jurisdicción en el espacio de 100 metros cuadrados á los centinelas ingleses, lo cual es lo mismo que colocarlos en las puertas de la Linea de la Concepción.

Este acto, que supone una desmembración de territorio, ha sido enérgicamente rechazado por el general Canaleta, que con la noble altivez de quien ha derramado generosamente en más de una ocasión su propia sangre en aras de la patria, ha significado al general Napier que para él no hay más cuerpo de derecho en lo que á Gibraltar se refiere que las estipulaciones del tratado de Utrech.»

Como se ve, esta cuestión reviste trascendental importancia y está llamada á producir serios conflictos si nuestro Gobierno se encierra en su habitual indiferentismo y si no los conjura adoptando sin perdida de tiempo las enérgicas medidas que aconsejan la prudencia, la dignidad y los altos intereses de la patria.

El gobernador de Gibraltar, según El Calpense, se ha permitido también ordenar al mayor de plaza que nuestras centinelas de avanzadas se abstengan e intervenir en lo que se refiere al tránsito de carruajes entre Algeciras y la Línea mientras la carretera continúe en mal estado, disposición que entraña una intrusión de atribuciones, porque las autoridades inglesas carecen de jurisdíccion en nuestro territorio, y que á todas luces revela el propósito de facilitar el tráfico del contrabando, que no otra cosa implica la facultad que pretende se conceda á los conductores de los vehículos para circular libremente en todas direcciones por caminos de travesía ó por donde más les convenga.

De esta manera se hace ilusoria la vigilancia que en toda la línea debe ejercer el cuerpo de carabineros, y hasta se dificulta la represión del fraude, y buena prueba de esta intención la tenemos en el siguiente suelto que copiamos de El Ultimo Telegrama:

« Es digno de llamar la atención del Excmo. señor comandante general del Campo, ya que las autoridades de la Linea no dan cuenta de ello á 8. E., lo que viene sucediendo con los ingleses en lo que se refiere al terreno que media entre Gibraltar y la Linea. La garita de la guardia inglesa, (montada sobre ruedas) se halla hoy á unos 15 pasos mas hacia el terreno español que lo estaba antes. Dicha garita debe andar sola, puesto que mucho tiempo atrás se hallaba colocada en linea recta con el rastrillo de la última huerta. La casilla de los inspectores de policía también ha sufrido tres empujes hacia el terreno español, pues hoy se halla a unos 20 pasos más hacia dicho terreno, y quizá á unos 30 de la primitiva. Estos adelantos y la jurisdicción de cien pasos que tiene el centinela ingles hacia dicho terreno español dará lugar á que paulatinamente, y siguiendo el desorden antedicho, lleguen las garitas inglesas hasta cien pasos de la Línea de la Concepción »


Y no se crea que son únicamente los periódicos de oposición los que han dado la voz de alerta al Gobierno, pues también la prensa oficiosa clama por que se reprima, por que se castigue el fraude, y señala al Campo de Gibraltar como residencia de contrabandistas, como refugio de gente que vive de lo que allí se conoce, con el gráfico nombre de la jarampa.

Prescindiendo nuestro apreciable colega La Epoca de su incondicional ministerialismo, no encuentra un aplauso para el Sr. Romero Robledo por el decreto que publicó la Gaceta del jueves, motivado por el choque ocurrido con los soldados ingleses en el campo neutral que internaron á una pareja de la Guardia civil; pero en cambio se lamenta del gran desarrollo que en estos tiempos ha adquirido el contrabando, y aprovecha la ocasión para excitar el celo del ministro de Hacienda á fin de que adopte enérgicas medidas encaminadas a su represión, reconociendo implícitamente que nada se ha hecho hasta ahora para perseguirlo, así como que no se curan con paliativos los males profundamente arraigados.


He aquí los términos en que discurre el diario conservador:
«El Gobierno —dice— ha creído oportuno aconsejar á S. M. que el comandante general del Campo de Gibraltar ejerza, como representante y delegado especial del Ministerio, las facultades que a éste le corresponden en materias de orden público, vigilancia y policía, y tenga á sus órdenes las fuerzas de Guardia civil y de Orden público.
¿Que motivos aconsejaron al Gobierno la delegación de funciones propias en una autoridad militar, oficial ó general de ejército? ¿Qué abusos trata de corregir y qué reformas trata de aplicar en la linea de Gibraltar, sitio predilecto para los contrabandistas de oficio y de profesión? »


Esos motivos á los que el colega aparenta no prestar gran atención, los expone el ministro de la Gobernación en el decreto a cuyo examen habremos de dedicar un articulo especial, motivos fundados precisamente en nuestras apreciaciones y que por tanto nos relevan de esforzarlos con nuevos razonamientos.

«El  contrabando — añade La Epoca— que se hace desde Gibraítar, ya por mar, ya por tierra, es exclusivamente de tabaco. La producción algodonera inglesa ha dejado de servir de cebo al contrabando, dominando ahora por completo dentro y fuera del Peñón la producción algodonera catalana, hasta tal punto, que los productos españoles se importan en Gibraltar y se exportan en aquel puerto para Marruecos. Tal es la excelencia y la baratura de los géneros catalanes.
 Pero en punto á tabaco, el contrabando es grande y el fraude mucho mayor. A buen seguro que el celoso inspector de Aduanas que está allí de visita habrá estudiado á estas horas las distintas formas que el fraude reviste en la posesión inglesa y en la población de La Línea.
Sería oportuno que así como la Guardia civil se pone, á las órdenes del comandante general, se haga lo mismo con las fuerzas de carabineros, para que la acción sea simultánea y combinada.
EI señor ministro de Hacienda fijará su atención en este asunto, y á buen seguro adoptará disposiciones eficaces para reprimir el fraude en lo posible. Ya que ahora está girando una visita un inspector de Aduanas, sus datos y observaciones podrán servir de mucha para prevenir el contrabando.»

Las indicaciones de La Epoca no las consideramos muy pertinentes en cuanto se refiere á conceder al gobernador del Campo de Gibraltar unas facultades en materia de Hacienda que á nada conducen, como lo prueba el poco éxito que hasta ahora han producido.

Aquella autoridad dispone de la fuerza de carabineros como de todos los cuerpos armados; y, sin embargo, el contrabando continúa en mayor escala y su represión es cada dia menos eficaz, según lo declara el ministro de la Gobernación, el cual asi como el Sr. Cánovas del Castillo conocen perfectamente la causa de su desarrollo.

Y ya que un inspector general de Hacienda de reconocida competencia se halla girando una visita á las Aduanas de las provincias andaluzas, bueno seria que expusiera al Gobierno, si es que ya no lo ha hecho, las reformas que reclaman en su organización utilizando los datos que habrá adquirido sobre el terreno, teniendo para ello en cuenta las atinadas observaciones contenidas en la exposición que la Liga de contribuyentes de Algeciras elevó al ministro de Hacienda en 26 de Agosto último.

Todo lo que no sea combatir el mal con enérgicos remedios, repetimos, sólo conduce á llenar una página más de la Gaceta con un decreto de problemáticos resultados.






                                                            Luis Javier Traverso




Documento perteneciente a la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España

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