miércoles, 11 de diciembre de 2013

Situación de La Línea y los problemas de limites fronterizos con Gibraltar. 22 de mayo de 1882


En el Periódico el Día del 22 de mayo de 1882, en su página seis nos encontramos el siguiente artículo referente a situación de La Línea y los problemas de limites fronterizos con Gibraltar. Ademas una evidencia mas de que la situación peculiar de ser Pueblo Fronterizo en vez de ser un beneficio ha sido todo lo contrario, llevamos una pesada carga de dejadez y olvido

Impresiones de Viaje

Carta Quinta dirigida al Excmo. Sr. Marques de Riscal

Gibraltar 12 día del 02 de 1882

....... Como no quería tener nada que ver con los ingleses, me dispuse a aprovechar el tiempo en visitar lo que principalmente me interesaba, y por eso, omitiendo la descripción de las fortificaciones y el recuento de las innumerables piezas de artillería de todos calibres y tamaños, exceptuando los pequeños, que las defienden, sobre todo de las asestadas contra España; de las condiciones de la ciudad, de su vecindario, que parece ser el de una población franca como la de las escalas de Levante, diré que al encaminarme a la Línea de la Concepción, ciudad ¿española? que se halla a dos kilómetros de Gibraltar, me chocaron singularmente varias cosas. Una, que los ingleses, sin embargo de que en los tratados, por los cuales se les reconoció la posesión de Gibraltar; no se les concedía más terreno que el comprendido hasta las llamadas «Lagunas» que están debajo, en línea vertical, del Peñón, han encontrado medios de extender sus términos jurisdiccionales más allá, bastante más allá, donde no hay lagunas y allí han establecido cuarteles y otros edificios, entre ellos uno donde existe la maquinaria que surte a la población de agua. Es de ver la táctica que observan los centinelas ingleses; táctica que ni el ejército más adelantado de Europa conoce. Cuando están de servicio se ponen a dar largos paseos dentro del espacio cuya vigilancia les incumbe; pero los dan con tanto cálculo, que paulatinamente avanzan la línea de la jurisdicción inglesa, empleando un muy ingenioso, aunque sencillo, ardid. El terreno aquel cría hierba, aunque corta, espesa. Pasando y repasando continuamente en un sentido dado, impides que la vegetación se produzca allí donde pisan, y estas sendas, que de cada vez se van aproximando más al terreno español, las presentan como demostraciones de que les pertenece el suelo aquel. Con las garitas de los centinelas hacen una operación muy semejante. Como los segundos, se alejan poco a poco de las primeras, encuentran más cómodo acercar éstas a los centinelas que no los centinelas a las garitas, y por este procedimiento aseguran mas la posesión de lo ganado; ¿Sont ils forts?.

Otra anomalía se observa. Las aguas inglesas, que no debían pasar de las Lagunas, se introducen tres kilómetros en el territorio español, de suerte que la orilla del mar, por la parte de la bahía, aunque esté cubierta de carabineros españolas, y aunque divisen una embarcación de la cual sepan con certeza que es contrabandista, y aunque esté tan próxima como se quiera a tierra, no pueden perseguirla. Creo que no hay necesidad de explicarse mas para comprender lo que esto favorecerá el contrabando.

Después de enterarme perfectamente de lo que acabo de decir, entré en La Línea de la Concepción. Paso por alto que los ingleses, durante la guerra de la Independencia, derribaran las fortificaciones allí existentes, y que no permitan el levantamiento de otras; no quiero decir ni una palabra de semejante fruslerías; voy á hablar de la mencionada población.

Hace pocos años qué solamente la constituían un número reducidísimo de casas muy mezquinas, porque el Gobierno, por razones de seguridad y otras que interesaban a la Hacienda, no consentía que se levantase ningún edificio; pero desde hace poco han cambiado las cosas, y La Línea de la Concepción es una ciudad situada como he dicho, a dos kilómetros escasos de Gibraltar, que sin tener fábricas de ninguna clase en su recinto, sin poseer terreno que dedicar a la agricultura, absolutamente ningún terreno, va desarrollándose y prosperando de un modo pasmoso. El movimiento de carruajes y de carros que hay entre ella y Gibraltar, puede, sin exageración, ser comparado al de Madrid en un día de toros; téngase presente, para la mejor apreciación de este dato, que La Línea no encierra arriba de 12 a 13.000 habitantes, muchos de ellos extranjeros, y que Gibraltar es una ciudad muy pequeña.

Algeciras, bien inmerecidamente por cierto, esta decayendo de una manera lastimosa. Su puerto, que debía constituir, uno de los recursos más eficaces para hacer la contra a Gibraltar, un resguardo para las embarcaciones cuando el Levante sopla, esta proyectado y nada más. El fondeadero, como hoy se halla, reúne tan malas condiciones, que al menor temporal, y esto lo digo por experiencia propia, ni aun e esquife pequeño puede acercarse al miserable muelle que hay: en hombros hay que sacar a las personas.

Algeciras ocupa una posición inmejorable con respecto a la vecina corte de África, circunstancia que debe tener en cuenta para la misión que debemos desempeñar allí. Ahora sucede, por desgracia, que Andalucía está atravesando una situación angustiosísima, a consecuencia de la escasez de las cosechas. ¿No seria un buen medio do dulcificarla, el de emprender las obras de un puerto tan reconocidamente necesario como el de Algeciras?

Sobre Algeciras ha pesado una acusación, cuya exactitud desconozco. Han dicho que por ella se verificaba un contrabando escandaloso. ¿Ha tenido remedio el mal? ¿No cabe aquello de decir; peor estaba?. Téngase presente que Algeciras es una ciudad muy española, en sentimientos y en intereses: al buen entendedor….


Luis Bartre.






Luis Javier Traverso






Publicado en el periódico El Día del 22 de mayo de 1882 de la Biblioteca Nacional de España

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